Seis años bien contados
Enrique Tejera París: Gobierno en mano, Memorias (1958-1963). Editorial Libros Marcados, Caracas, 2009.
La democracia venezolana se inició a principios de un año y con un movimiento cívico que nos ha servido para respirar políticamente hasta hoy. Movimiento de largo aliento iniciado históricamente en 1928, con aquella revuelta romántica de estudiantes universitarios, y que con ciertos escollos políticos, desembocó en aquel 23 de enero de 1958, cuando el último dictador venezolano huyó del país, con más pena que gloria.
A principios de ese año, tan importante en la lucha venezolana por la modernidad, se inicia el primer volumen de las memorias del ciudadano de bien Enrique Tejera París. “Ciudadano de bien”, en aquel sentido invocado por German Roscio en 1812 cuando la Primera República hacía aguas.
Tejera París, que no es hijo de sí mismo ni de su señora, tal como hijo y padre se defendieron ante las confusiones graciosas de sus coterráneos, revive pausadamente seis años intensos de nuestra vida moderna como país. Claro, desde su quehacer de hombre dedicado a los asuntos públicos y que lucha por dejar huellas decentes y crear bienestar y tranquilidad colectiva.
Con modestia, honestidad y fino humor, va relatando las pequeñas historias de la gran historia contemporánea venezolana. Porque no cabe duda de que esos primeros seis años de nuestra democracia serán recordados como el afincamiento de la venezolanidad. A esos años tenemos que regresar las generaciones más jóvenes para reimpulsarnos colectivamente, sin olvidar nuestra historia heroica, más cargada de mitos y de epifanía, que de la realidad vital de los seres humildes que han construido nuestro país.
Y si se trata de conocer cierta intimidad de los constructores iniciales de nuestra democracia, con todos sus defectos y errores, hay que leer a Tejera París. Firme en el reconocimiento de los logros y soluciones hechas realidad durante el gobierno de Rómulo Betancourt, el mejor presidente de la historia de Venezuela, según afirma, pero ojo visor de los grandes problemas que podía degenerar esos grandes momentos políticos del ser venezolano.
Tejera nos cuenta con detalles momentos decisivos de nuestra historia democrática. La lucha contra las conspiraciones violentas de derecha y de izquierda, la tarea de conquistar la riqueza petrolera para los venezolanos de mano del gran Pérez Alfonzo, su amigo y mentor. Los adelantos en materia de educación y salud, asuntos en los cuales no deja de reconocer los esfuerzos que se venían gestando desde López Contreras y Medina Angarita. La manera como se gestiona la política internacional del Gobierno, todo un ejemplo para los improvisados de hoy en día…
Mención aparte merece la preocupación de Tejera por la planificación en la Administración Pública. Ha sido su obsesión como funcionario y profesor durante su larga y ejemplar vida. En estas memorias, hay una introducción al arte de la planificación con ejemplos precisos y concretos de la realidad que le tocó vivir.
Y como si fuera poco, relata encuentros con personajes del siglo XX, tanto de Latinoamérica, Estados unidos, Europa y los países árabes. Su encuentro con el Ché Guevara, sus conversaciones y noticias inéditas sobre la personalidad de Salvador Allende y su vínculo con Rómulo Betancourt…
No deja de hacer referencia a la participación de personalidades venezolanas en la historia concreta de los años ´60. Uslar Pietri y sus veleidades anti OPEP, por ejemplo, sorprende un poco a un admirador ingenuo del amigo invisible. También nos cuenta la presencia de personajes mezquinos en la política venezolana, como en cualquier sociedad llena de luces y de sombras. Humaniza nuestra historia, sin duda, con esas pequeñas referencias a la miseria humana…
La lectura de las memorias de Tejera París, permite recuperar nuestra historia más reciente y despojarla de tanto denuesto generalizador y primitivo de los últimos tiempos. Es una lectura para reconciliar al venezolano con el nacimiento de la era de las libertades en Venezuela y con el pensamiento de los grandes hombres, civiles todos, que hicieron posible 40 años de progreso, a pesar de tantas falencias explotadas hasta la saciedad durante los últimos 10 años.
Tejera, con su índole amable y su generosidad de 92 años, nos invita a repensar esos seis años que marcaron nuestra historia para bien. Y nos cuenta también su vida, llena de modestia, inteligencia, paciencia y mucha tesón. Un ejemplo, un ciudadano de bien.








