domingo, febrero 28, 2010

Invictus o la lucha por conquistar más humanidad

Definitivamente Mandela no se dejó dañar el alma a pesar de haber sido víctima de un sistema infame, de una de las últimas infamias “institucionalizadas” del s. XX: el Apartheid. Y esa lucha espiritual que llevó a cabo consigo mismo para no dejarse poseer por el demonio inexorcisable del resentimiento, es el centro de esta hermosa película dirigida por la sorpresa del cine norteamericano en la que se ha convertido Clint Eastwood.

Allí está la belleza de la película, en enfocar, en tener como punto de vista la capacidad de un ser humano cultivado, para saber apreciar, percibir y aprovechar para la humanidad toda, una rendija para el cultivo de la dignidad, de los valores más poderosos del hombre, fundados en su capacidad para perdonar, uno de los aportes más hermosos del cristianismo a la civilización.

Y sólo personas con sensibilidad artística y humana, pueden concebir una película como Invictus. Un deporte que podría ser execrado como violento e inhumano, una pasión, es utilizada para darle un chance a millones de personas para enterarse que pueden tener motivos comunes que los hermanen, a pesar de todas las diferencias.

El Mandela de Eastwood supo leer a su país desde la humildad y la bondad humana, que hacen despertar las ganas de creer en un mundo mejor, a pesar de tanta estupidez que cargan las noticias diarias, y que crean tanto padecimiento y sufrimiento.

Invictus es para mí, una linda mirada sobre lo hermoso que habita a los seres humanos que no se rinden ante la maldad. Es una mirada que tiene como protagonista a un ser humano que siempre ha luchado por eso, por conquistar más humanidad.

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